martes, 15 de enero de 2013

EL FIN DE LA ETERNIDAD. Isaac Asimov (1955)



-La novela de Asimov que, si se fija usted bien, menos parece de Asimov pero no extraña que sea suya.-
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Género. Ciencia-Ficción.

Lo que nos cuenta. La organización Eternidad, creada en el siglo XXVII, es la embajadora del comercio intertemporal y la encargada de alterar las líneas de tiempo histórico con la intención de aliviar la tragedia de nuestra Historia. Los empleados de la organización, casi ordenados en la misma, sacrifican su propio disfrute y desarrollo de la vida para servir al proyecto. Pero uno de ellos, Andrew Harlan, un Ejecutor cuyos dos años en el cargo le han cambiado y le han dado fama dentro de la organización, se enamora durante su trabajo de alguien fuera de su tiempo y circunstancias, con consecuencias insospechadas…

Mi opinión. Insisto. No parece Asimov. Por múltiples razones. Por ejemplo, pertenece al subgénero del desplazamiento temporal, tema que a excepción de en Un guijarro en el cielo no trató en su vastísima bibliografía. Además, hay una historia de amor decentemente retratada y con repercusión directa en la trama, y por si fuera poco, la parte femenina de ese amor es un personaje bien construido y con mucho que decir dentro de la narración ¿ha visto eso usted muchas veces en la obra de Asimov?  ¡Y además no salimos de la Tierra (aunque vemos varias, por aquello de los universos paralelos) durante todo el libro!

Pero lejos de ser malo, todo esto aporta mucho y todo bueno, haciendo que nos identifiquemos con los personajes centrales más de lo que suele ser habitual en el conjunto de la obra del autor. Si a eso le añadimos una trama original y una interesante reflexión sobre el libre albedrío, el determinismo, sobre qué es lo bueno, lo malo, lo mejor y lo óptimo, entendemos porque es para muchos una de las obras de referencia del género.

Destacado. Lectura muy ágil y cautivadora. Un hito dentro de las novelas sobre desplazamientos temporales.

Potenciales evocados. Algunas premisas de Agentes del destino; La patrulla del tiempo de Anderson, más reflexiva y menos aventurera; nada que ver con La mujer del viajero del tiempo; ciertas emociones de Puerta al verano.

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