martes, 22 de enero de 2013

SE DESATARON TODOS LOS INFIERNOS. Max Hastings (2011)


-Sin olvidarnos de los “Qué”, agradecemos los “Cómo”, porque la épica tiene un lado muy humano, quizás el más importante al final.- 

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Género. Historia.


Lo que nos cuenta. Relato de la Segunda Guerra Mundial, del verano del 39 hasta el primero de septiembre de 1945, en orden generalmente cronológico, construido con el apoyo de las experiencias de los que estuvieron allí.


Mi opinión. Evolución natural del trabajo del escritor después de más de cuarenta años abordando diferentes conflictos o diferentes aspectos de los mismos, esta obra destaca por aquello que siempre pulsó en su obra, la experiencia de las personas, pero como motivación central en esta ocasión.


Y es que aunque siempre citó testimonios para darnos la perspectiva humana de los conflictos que retrató, esta vez es más hablarnos de la Segunda Guerra Mundial  para darnos la perspectiva militar, social, política y económica que afectó a las circunstancias y experiencias de los que la vivieron. Espero estar explicándome bien.


Porque no es que no escriba Historia, que lo hace, mucha y bien. No es que no relate la contienda y sus eventos desde los diferentes escenarios, que lo hace de forma excelente. Incluso nos aporta varias visiones interesantes (cerca de la teoría o la interpretación, pero siempre basada en hechos) y novedosas en cierto modo. Y lo hace con una elegancia francamente destacable, con un tratamiento exquisitamente pertinente de citas, cartas, testimonios, documentos y diálogos, con una estructura en el trabajo que recuerda a los actos de una obra teatral. Pero lo que realmente destaca es la experiencia vivida por el testigo.

Destacado. Que la palabra “infiernos” del título no es ni casual ni recurso. 


Potenciales evocados. El lector novel de vocación académica puede que no disfrute tanto como el avanzado y el connoisseur; algo de Bourke, pero la despersonalización o la bestialización como temas no es el objetivo; puntos en común con la estructura de Murray y Millet, pero definitivamente más humana y menos numerística; más humano que Beevor, que ya es decir, pero menos táctico; el testimonio es un medio y no, como para Holmes, un formato.


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