lunes, 28 de enero de 2013

ROMA DESPUÉS DEL INCENDIO. Allan Massie (1999)

-Emoción y emotividad no son exactamente lo mismo-. 


Lo que nos cuenta. Tácito, buscando documentación para su Historiae, contacta con un descendiente de los Claudios que fue testigo de excepción del terrible interregno que transcurrió desde la muerte de Nerón hasta la toma del poder por Vespasiano. Ese testigo, nuestro protagonista, comienza a mandar por carta parte de los datos solicitados. Pero no todos sus recuerdos, que llegan hasta el mandato de Domiciano, deben ser puestos a disposición del historiador.  

Mi opinión. Delicada obra crepuscular en la que el protagonista, que vive en el exilio (al principio obligado por Domiciano, pero actualmente lejos de Roma por decisión personal), mira hacia atrás y rememora su pasado de una forma extremadamente humana, poniendo en duda a veces sus acciones y sentimientos, pero volviendo a sentir muchas de las emociones que creía olvidadas.

Muchísimo más novela que historia, pero sin dejar en absoluto de lado la segunda, ya que retrata con los hechos con rigor, aunque con las necesarias licencias y deliciosamente narradas.

Destacado. El protagonista recordando las cosas de cierta manera pero orientando su relato por correspondencia a Tácito en función de su estado de ánimo.

Potenciales evocados. Algo de la forma en que mira atrás Derfel Cadarn, pero él fue un guerrero, por lo que su mirada es distinta, aunque tal vez no sus sentimientos; algo de la forma en que mira atrás Sinuhé, pero él si creía en la bondad de los hombres, por lo que su mirada es distinta, aunque tal vez no sus sentimientos; algo de la forma en que mira atrás el Claudio de Graves, pero él fue emperador, por lo que su mirada es distinta, aunque tal vez no sus sentimientos.

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