jueves, 18 de junio de 2015

EL MITO DE DRÁCULA. Varios autores




Portada del libro El mito de Drácula, de varios autores
Edición en español (1996)
-Excusa menor y resultados casi acordes.-


Género. Relatos.


Lo que nos cuenta. El libro El mito de Drácula (publicación original: The Ultimate Dracula, 1991), con introducción de Leonard Wolf y cierre del mismo mediante un acercamiento a filmografía relativa al asunto, ofrece once relatos (escritos todos para la presente antología salvo el primero, escrito por Rice en 1985) que, con la excusa del 60 aniversario de la película de Todd Browning Drácula, presentan diferentes (y muy irregulares) aproximaciones al concepto del vampiro, desde su adaptación a la vida contemporánea o a su nueva condición hasta entrar en un peculiar alumnado, pasando por situaciones vampíricas domésticas o sectarias, actores que han interpretado el papel o el mito de Vlad Tepes en relación a Drácula, por citar únicamente algunos ejemplos. Libro también conocido como Drácula insólito en otras ediciones.


Mi opinión/Destacado/Potenciales Evocados.


    - El dueño de Rampling Gate (Anne Rice): relato muy logrado al evocar casi por completo lo que se estilaba en tiempos de lo gótico sobrenatural (podría camuflarse perfectamente entre una antología gótica, de verdad) pero sin mucho más que resaltar.


    - Todos los hijos de Drácula (Dan Simmons): de los destacados en la antología, con el gran oficio del autor demostrado una vez más al mezclar asuntos muy diferentes para traer el mito a unas realidades (aunque fantásticas) acordes con la historia, la política y la ciencia.


    - Cuestión de estilo (Ron Dee): ejercicio entre el chiste alargado y el concepto atractivo que no logra ser desarrollado, con un protagonista realmente patoso y digno de que le suceda todo lo que le pasa.


    - Proceso de selección (Ed Gorman): idea interesante y bien manejada pero que termina ofreciendo una solución que no parece a la altura de lo anteriormente mostrado.


    - El vampiro en el armario (Heather Graham): revisión de lo vampírico con tonitos algo anticuados y aportaciones ad hoc a su mitología pero, a la vez, una chistosa (pero contenida) aproximación a varias situaciones sentimentales y de pareja.


    - El décimo alumno (Steve Rasnic Tem y Melanie Tem): un grupo de formación muy peculiar, un maestro sin contemplaciones y un estilo brusco pero funcional para lo que trata de contar.


    - Nadie es perfecto (Philip Jose Farmer): relato logrado en cuanto al trasfondo, salpicado aquí y allá de la sexualidad de la que le gustaba hacer gala al autor pero un final que no termina de estar a la altura.


    - Drácula 1944 (Edward D. Hoch): aproximación (en varios sentidos) del mito del vampiro a los campos de trabajo alemanes durante el Tercer Reich, sin sorpresas ni chirridos.


    - El contagio (Janet Asimov): el cuento con un trasfondo más diferente al de todos los demás, con una autora cuyo apellido dará pistas de muchas cosas y, por momentos, casi inocente dentro de lo difícil de “comprar” que resulta la situación.


    - Azúcar, especias y… (Karen Robards): mezcla de vampirismo (tal vez real, tal vez no, así que tendrán que leerlo) y el “síndrome del príncipe destronado”, narrado con pericia y generando sensaciones muy acordes al tema y sus protagonistas.


   - Sueños de vampiro (Dick Lochte): cine, intereses y un vampiro legendario en la literatura se entremezclan en una narración de tendencias noir.


   - Mucho en juego (Kevin J. Anderson): interesante relato que mezcla las adicciones y pasado difícil de un actor icónico en cuanto a Drácula se refiere y la figura histórica de Vlad Tepes, usando una propuesta valiente, bastante fantástica (¿o alucinógena?) y poco común, llena de sensibilidad.


    - El nombre del miedo (Lawrence Watt-Evans): trabajo que también recurre a Vlad Tepes pero con la intención de darle una vuelta de tuerca al mito de Drácula (y consiguiéndolo).


   - La marea oscura (W. R. Philbrick): otro de los cuentos con aires, atmósferas y estilos de otra época, exótico en su localización para el tema pero sin mucho más que lo destaque.


   - Los niños de la noche (Tim Sullivan): uso de lo que pasó en el ficticio rodaje de una igualmente ficticia película de terror para ofrecer un trabajo de horror con misterio y dudas.


   - Pequeña música nocturna (Mike Resnick): paralelismos entre la explosión de bandas punk (y otros estilos, en realidad) a finales de los setenta y las amenazas sobrenaturales, en un relato raro e irónico.


    - El señor Lucrada (John Lutz): uno de los cuentos con más potencia en lo que no dice pero que entendemos con claridad al leerlo, sobrio, incómodo y conseguido.


   - Esperando la hora (John Gregory Betancourt): breve, inquietante, que puede estar también fuera de esta recopilación por cómo se aproxima al asunto, casi weird, casi surrealista e interesante de leer.
 
   - Criaturas de la noche (Kristine Kathryn Rusch): cierre extraño, que aunque trata del tema de la antología prefiere situarnos en la perspectiva contraria y enfrentada, conseguida en los sentimientos que genera y presenta en los personajes por lo bien elaborados que resultan mediante sus actos y pensamientos.

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