jueves, 12 de febrero de 2015

LA ERA DEL DIAMANTE. Neal Stephenson



-Entre el cyberpunk más “limpio” y el steampunk más (casi) razonable.-


Portada del libro La era del diamante, de Neal Stephenson
Edición en español (2004)
Género. Ciencia ficción.


Lo que nos cuenta. En el libro La era del diamante (publicación original: The Diamond Age, 1995) y en una Shanghai futurista en el que la nanotecnología lo define casi todo, Bud es un buscavidas pendenciero y poco sensato cuyas acciones afectarán al futuro de su familia, en especial al de su hija, Nell. Lord  Alexander Chung-Sik Finkle-McGraw es un Lord Accionista neovictoriano interesado en el diseño y desarrollo de un sistema informático portátil interactivo y adaptativo que sirva para influir en la educación de su nieta, Elizabeth, por lo que se hace el encontradizo con el brillante ingeniero John Percival Hackworth, empleado de una de sus compañías, que según avanza el proyecto ve en él una oportunidad excelente para la formación de su propia hija, Fiona, pero para poder aprovechar la situación tendrá que recurrir a personas fuera de su círculo político-social, peligrosas de distintas formas, que también tienen sus propias ideas sobre el empleo de un dispositivo con capacidades tan interesantes.


Mi opinión. Con el subtítulo Manual ilustrado para jovencitas, curiosa propuesta de potencia menguante según avanzamos en su lectura porque se va pasando de rosca, con algunas ideas bastante interesantes que con el tiempo se diluyen dentro de otras que no lo son tanto y, además, pueden ser chocantes, que propone una sociedad tan llamativa como poco probable, con personajes algo rígidos pero una protagonista con la que es bastante fácil empatizar durante casi toda la trama (de varios niveles, quedan avisados), más confusa (y en algún momento, lisérgica) que compleja en ocasiones, que se mueve en terrenos más propios de las fábulas fantásticas o los cuentos (y con bastante soltura) cuando el manual entra en acción, bastante rápida de leer y bastante fallida también pero, con todo, de generalidad poco común y con pasajes francamente llamativos.


Destacado. El juego entre la realidad de Nell y lo que le va proponiendo el manual.


Potenciales Evocados. El homenaje a Dickens (conceptual, a través de la trama, el trasfondo e incluso algunos posicionamientos) es continuo; el videojuego que tanto ¿disfrutaba? Ender Wiggin en la Escuela de Batalla, llevado más allá; momentos Conrad (de verdad) pero edulcorados y adaptados a la propuesta.

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