martes, 26 de marzo de 2019

LO MEJOR DE LOS PREMIOS NEBULA. Varios autores


-Por momentos, notable, bastante notable; pero no en todos los casos.-


Portada del libro Lo mejor de los premios Nebula, de varios autores
Edición en español (1994)
Género. Relatos.


Lo que nos cuenta. El libro Lo mejor de los premios Nebula (publicación original: The Best of the Nebulas, 989), es una antología dirigida por Ben Bova que ofrece los mejores relatos (que incluyen tres categorías que los anglosajones conocen como Novella, Novelette y Short Story, o Novela corta, Relato y Relato corto para los hispanoparlantes, aunque se citen también las novelas y se presenten comentarios sobre ellas, la mayoría realizados por los propios autores) de ciencia ficción publicados entre 1965 y 1985, según miembros de la Sociedad Norteamericana de Escritores de Ciencia Ficción (que en 1965 empezó a conceder el premio Nebula con carácter anual), y seleccionadas entre las que ganaron dicho premio (el sistema de votación, recuento y criterios de valoración para esta antología resultan muy interesantes y Bova los explica con cuidado).


Mi opinión/Destacado/Potenciales Evocados


   - Las puertas de su cara, las lámparas de su boca (Roger Zelazny, 1965): trabajo muy retro (incluso para la época, diría yo) hasta lo enternecedor, que mezcla pesca/caza en Venus con obsesiones, fracasos, superación y derivas pulp.


  - ¡Arrepiéntete, Arlequín!, dijo el señor TicTac (Harlan Ellison, 1965): surrealismo estilístico y de trama que esconde una distopía potente, narrado con cierta osadía para la época, quizá algo vacuo pero que señaló caminos en su tiempo.


    - El que da forma (Roger Zelazny, 1965): trabajo que luego fue ampliado hasta novela, sociedad avanzada que aliena al individuo como efecto secundario, neuroterapias que implican los sueños y un perro que se ganó mis simpatías por cómo está usado.


   - Por siempre y Gomorra (Samuel R. Delany, 1967): Estupendo relato del que ya hemos hablado aquí.


   - Pasajeros (Robert Silverberg, 1969): si bien la trama sobre entidades que controlan al ser humano a su voluntad y sin previo aviso puede funcionar, es innegable que funciona mucho mejor desde lo simbólico de los impulsos y circunstancias que controlan al ser humano más allá de su voluntad.


  - He aquí al hombre (Michael Moorcock, 1967): viajes en el tiempo, religión, psicoanálisis y tendencias pre New Wave en un relato que tal vez fuese incómodo e incluso atrevido en su tiempo.


   - Cuando las cosas cambiaron (Joanna Russ, 1972): choque sociocultural de sexos y géneros que funciona hoy casi igual de bien que en su momento.


   - Voy a probar suerte (Fritz Leiber, 1967): otro buen relato, comentado ya aquí.


   - El vuelo del dragón (Anne McCaffrey, 1968): trabajo del que hemos hablado ya como parte del volumen El vuelo del dragón.


   - Amor es el plan, el plan es la muerte (James Tiptree, Jr., 1973): otro de los estupendos relatos de esta antología, comentado como parte de la recopilación Mundos cálidos y otros.


   - El tiempo considerado como una hélice de piedras semipreciosas (Samuel R. Delany, 1969): relato extraño, con varios temas (o más bien derivas de fondo insinuadas) típicos de Delany disueltos en una trama noir futurista muy particular en sus tonos y ambientes.


   - Un muchacho y su perro (Harlan Ellison, 1969): buen relato, gamberrada a la que tengo especial cariño personal por incómodo que resulte en varios de sus planteamientos, del que hemos hablado aquí.


   - El día anterior a la revolución (Ursula K. Le Guin, 1974): trabajo independiente, pero que resulta ser una indiscutible precuela a los sucesos que nos narra la autora en su novela Los desposeídos y que nos acerca a Odo, la escritora revolucionaria que inspiró una nueva sociedad y que aquí se muestra humana, muy humana, por encima de su figura legendaria.


   - Escultura lenta (Theodore Sturgeon, 1970): uno de esos relatos que permiten demostrar la máxima que afirma que, muchas veces, la ciencia ficción es una excusa para hablar del presente (actitudes corporativas explícitas e implícitas) y de nosotros mismos (aislamientos e incomunicaciones).


   - Houston, Houston, ¿me recibe? (James Tiptree, Jr., 1976): interesante trabajo del que hemos hablado como parte de otra recopilación reseñada de la autora, en este caso Cantos estelares de un viejo primate, y que parece la versión especular alterada de Cuando las cosas cambiaron.


   - ¡Coge ese zepelín! (Fritz Leiber, 1975): relato bastante especial del que hemos hablado aquí no hace mucho tiempo.


   - De Niebla, Hierba y Arena (Vonda McIntyre, 1973): trabajo del que hemos hablado bajo el nombre Bruma, Hierba y Arena.


   - La persistencia de la visión (John Varley, 1978): texto del que ya hemos hablado aquí.


   - La gruta de los ciervos danzarines (Clifford D. Simak, 1980): relato peculiar desde lo casi naif, en el que pasan muchas cosas, pero cuesta bastante, o a este lector le costó, que alguna realmente importe.


   - Los reyes de la arena (George R. R. Martin, 1979): punto de partida de ciencia ficción pero derivas de horror en una trama de mascotas alienígenas con un dueño poco sano y bastante desagradable que el lector sabe desde el comienzo que no puede terminar bien.


   - Jeffty tiene cinco años (Harlan Ellison, 1977): otra forma de hacer ciencia ficción, llena de sentimientos y sensibilidad a partir de una premisa fantástica, mucho más cuidado en lo emocional (al menos en planos cercanos o evidentes) que la mayoría de la obra de Ellison.

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