jueves, 27 de octubre de 2016

LAS MEJORES HISTORIAS DE BRUJERÍA. Varios autores (1976)



-Interés paleontológico sobre el tema y con varios trabajos que, en mi opinión, no deberían estar en el libro porque no tratan del asunto en realidad.-

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Género. Relatos.


Lo que nos cuenta. Recopilación de relatos que se aproximan a la brujería de maneras muy distintas, con a. van Hageland como antologista, de aires clásicos en general y muy apegado a la historia europea y de la Norteamérica colonial, como no podía ser menos.


Mi opinión/Destacado/Potenciales Evocados.


    - Brujos y brujas (Jacques Auguste Simon Collin de Plancy, 1818): fragmento de su ensayo Diccionario infernal, un trabajo serio para su época sobre demonología y ocultismo, formas secas y funcionales pero que sitúa muy bien al lector a la hora de saber cómo veían las cosas los investigadores sobre el tema en su época cuando miraban al pasado.


    - Proceso contra la esposa de un marinero (Walter Scott, 1831): relato popular alemán, ofrecido aquí en la versión del famoso autor, con una visión gótica romántica del evento pero más funcional de la que podría haber ofrecido, por ejemplo, Bécquer.


   - El hombre que tenía un dragón rojo (Henri Pourrat, 1933): otro cuento popular adaptado por el autor, brevísimo, anecdótico y sobre las debilidades de los brujos.


   - La danza de los muertos (Anónimo, 1810): clásico popular alemán, como el conocido cuento del flautista de Hamelín pero con gaita.


   - El joven Goodman Brown (Nathaniel Hawthorne, 1835): ambientado en la Salem natal del escritor, trabajo corto muy ilustrativo de cómo debieron ser las cosas en los tiempos de la caza de brujas, especialmente desde el lado de los que se sentían cazadores, que trata de hablar sobre la naturaleza más íntima del ser humano y, a su manera, lo consigue.


   - El pastor y las brujas (Claude Seignolle, 1964): cuento popular en la versión del autor, brevísimo y moralizante desde lo sobrenatural.


   - La ninfa de la fontana (William Beckford, 1791): relato bastante largo, clásico en el Reino Unido, con formas anticuadas y origen en otra leyenda popular, gótico romántico pero con un toque sociopolítico muy claro.


   - El diablo y el zapatero (Claude Seignolle, 1964): breve aproximación al asunto, muy de fábula humorística.


   - Hechizos y sortilegios (Jacques Auguste Simon Collin de Plancy, 1818): otro extracto del Diccionario infernal, esta vez algo más narrativo y que se acerca a las supuestas herramientas de las brujas.


   - La travesía del Gaviota a medianoche (Mrs. Volney E. Howard, 1842): otro cuento popular adaptado por el autor, de los largos de la antología, que se acerca al fenómeno recordando eventos reales y jugando con lo que fue real y qué no lo fue.


  - Maleficio (Thomas Owen, 1974): coleccionismo, magia, horror y el primero de los relatos de la antología que tiene formas algo más actuales.


   - Una botella de gin (Robert Bloch, 1943): trabajo que hace pulp sobrenatural irónico, en el que se intuye un trasfondo más que interesante por los juramentos de algún que otro personaje, de buen ritmo y poco más que entretenido, con aires malvados de Las mil y una noches.


   - Pobre Sonia (Claude Seignolle, 1965): otro relato más de Seignolle en la antología, el último, muy breve, clasicote y que no sé qué hace en este volumen porque, claramente, trata de otra amenaza sobrenatural que no es la bruja.


  - La máscara de la muerte (H. D. Everett, 1920): trabajo de formas también anticuadas, que se acerca al asunto de la antología desde lo que hay después de la muerte para los vivos.


   - La rata que sabía hablar (Charles Dickens, 1860): cuento bastante corto, entre lo surrealista y lo alegórico, que también podríamos discutir si es de brujería (y ganaría yo la discusión).


  - El fresno (M. R. James, 1904): relato del que ya hemos hablado en El gran libro del terror y que también resulta, cuando menos discutible, que deba formar parte de una antología sobre brujería.


   - Un susurro de alas correosas (Eddy C. Bertin, 1973): brujería, poderes diabólicos, una venganza y la incomprensión de todo ello en un relato interesante pero sin alardes.


  - Las jarras Bellarmine (Noel Bertram Gerson, 1953): trabajo largo, que recurre al pasado del siglo XVII y mediados del XX, sin sorpresas si se ha leído un poco, sobre protección mágica religiosa y tendencias ya conocidas.


   - Los vigilantes (Ray Bradbury, 1949): con la lucha entre Bien y Mal como protagonista, aunque con la ciencia presente, con los ejércitos de ambos bandos que nos rodean sin que lo sepamos, que no está entre lo mejor de Bradbury pero igualmente es un relato meriotorio.


   - Una mujer, un ángel (Walter Beckers, 1967): breve, weird, de horror fantástico sin duda pero narrado con sensibilidad pero, otra vez, discutible su presencia en esta antología más allá del capricho del antologista.


  - Las carretas de la leche (Violet A. Methley, 1932): trabajo fantástico breve sobre las grietas espacio-temporales al que no se le ve la brujería por ningún sitio… y van…


  - El hechizo de la espada (Frank Aubrey, 1898): trabajo que ofrece lo que indica el título, ni más ni menos, trasnochado en forma y fondo.

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