Páginas

lunes, 3 de octubre de 2016

EL AGENTE SECRETO. Joseph Conrad

-Tan actual en varios sentidos que resulta hasta preocupante.-

Portada del libro El agente secreto, de Joseph Conrad
Edición en español (1998)
Género. Novela.

Lo que nos cuenta. En el libro El agente secreto (publicación original: The Secret Agent. A Simple Tale, 1907), y en el Londres de finales del siglo XIX,, el señor Verloc regenta una tiendecita en la planta baja de su hogar, donde vive con su esposa, su suegra y su cuñado discapacitado, donde vende libros, revistas y, bajo el mostrador cuando hay menos luz, otras cosas. Pero, además, el señor Verloc tiene ideas anarquistas y es activo en la causa; de hecho, es un agente al servicio de una potencia extranjera contraria a los intereses del Imperio británico, pero su empleador no está muy contento con sus servicios y le solicita que muestre su valía llevando a cabo una acción de envergadura: hacer explotar el observatorio de Greenwich. Pero Verloc también colabora con otra organización.

Mi opinión. Trabajo que, a pesar de lo que pudiera parecer, es más social que político en sentido estricto, lleno de secretos o de caras de poliedro, que en lo formal no ha envejecido demasiado mal, pero sí se le nota lo “artificial” a la hora de que varias cosas terminen cuadrando como quería el autor, que ofrece una novela más centrada en los personajes, sus vivencias y personalidades que en la trama que los une a todos en sus páginas, que juega a describir muchas cosas sin importancia aparente y a deslizar, sin embargo, cosas trascendentes entre esas frases, no demasiado rápida de leer, pero sí interesante, con un humor extraño que encaja muy bien entre los devenires de esta trama triste en muchos sentidos, con algo de sobrepeso o de tendencias anticlimáticas, técnica notable, atmósfera lograda y que supone, en resumen, una lectura interesante.

Destacado. La forma en que, sin querer y junto al resto de eventos de la trama, ofrece realidades muy actuales con otros colores.

Potenciales Evocados. Salvando las distancias, momentos de La torre elevada novelados y de ficción (casi todos…); algo de El hombre que fue jueves (de la que ya hablaremos por aquí) sin surrealismo y "aterrizada".