-Relatos de autores mexicanos de diferentes
generaciones y trayectorias pero con una temática común.-
Género. Relatos.
Lo que nos cuenta. El libro Día de
muertos. Antología del cuento mexicano (publicación original: 2001) ofrece
doce relatos escritos para esta publicación, con mucha presencia de escritores
pertenecientes a la corriente literaria conocida como “generación del crack”,
con prólogo de Jorge Volpi (que coordina y selecciona los contenidos de este
volumen) y epílogo/relato de Guillermo Sheridan, que con la fiesta de los
difuntos como hilo conductor desarrollan conceptos y valores relativos a esa
celebración tan arraigada en la cultura mexicana mediante diferentes géneros,
estilos, resultados y logros.
Mi opinión/Destacado/Potenciales evocados.
- Los santos inocentes (Eduardo Antonio Parra): editado también cinco
años después en una recopilación dedicada al autor, el relato nos cuenta cuánto
echa de menos Carmen a su amante Gabriel mientras se emborracha junto a su
tumba, escrito con fondo gótico y formas más contemporáneas.
- Optimistas (Rosa Beltrán): con un tono
de humor serio, nos cuenta la visita al camposanto de una familia para
exhumar un cadáver por razones administrativas mientras notamos unas
sensaciones a lo Tom Sharpe, pero contenidas y a la mexicana.
- Melville no suele escuchar el sonido del viento (Mario Bellatín): famoso por sus experimentaciones
literarias, el escritor nos traslada a la Suramérica andina mediante un trabajo
construido en apariencia por microrrelatos unidos mediante el protagonista y en
los que se intuye un fondo riquísimo.
- Urbarat 451 (Adrián Curiel Rivera): homenaje cariñoso a la
conocida obra de Ray Bradbury con el mismo número en el título, resulta sin embargo
una inquietante distopía, o tal vez un ejercicio de ciencia ficción oscuramente
maligna, o quizá una reinterpretación creativa de situaciones gubernamentales
latinoamericanas en ciertos periodos de la historia, o todo a la vez.
- Altar a solas (Alejandra Bernal): reflexiones y
pensamientos disfrazados de relato, narrado como una pintura impresionista y
muy trabajado técnicamente.
- Huaquechula (Pedro Ángel Palou): el polifacético autor
nos cuenta cómo Eduardo recoge a sus hijas en casa de su antigua esposa para
llevarlas de paseo a un pueblecito en el que ponen ofrendas a los fallecidos,
pero en realidad nos hace un breve repaso de sentimientos de desamor, celos,
añoranza y algo más.
- El trueque (Eloy Urroz): el escritor, famoso por sus
alardes narrativos, ofrece aquí un relato más sencillo en la forma, pero
bastante logrado sobre una confesión epistolar, lleno de humor si se pone en la
perspectiva correcta.
- Novia de Azúcar (Ana García Bergua): relato muy breve con
reminiscencias de Gustavo Adolfo Bécquer.
- Los cerros de cobre (Pablo Soler): este autor “todoterreno”
nos propone un relato "a la Munchausen" (¿o será "a la Tartarín de
Tarascón”?) con ecos góticos modernizados a la mexicana.
- Ajedrez (Martín Solares): breve propuesta hilada
cruzando las hebras del homenaje a un gran maestro cubano del ajedrez, a El
séptimo sello y a los malos sueños que producen las cenas copiosas.
- Domingo (Guadalupe Nettel): la inquietante autora
(desde lo narrativo) nos ofrece un retrato amargo y algo oscuro con la excusa
de la mañana siguiente a un encuentro sexual casual.
- El bienquisto a su pesar (Ignacio Padilla): el imaginativo y
multipremiado escritor nos propone un cruce entre el cuento de fantasmas y el relato histórico, de muy buen ritmo y curioso desarrollo.
- Filípica contra altares (Guillermo Sheridan): epílogo para la
recopilación cuyo estilo y reflexiones no parecen entroncar con la propuesta.