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viernes, 11 de septiembre de 2015

AGENTE DE BIZANCIO. Harry Turtledove

-Correcta, ligera y todo un ejemplo de literatura de evasión.-

Portada del libro Agente de Bizancio, de Harry Turtledove
Edición en español (2008)
Género. Novela (con una enorme premisa de partida que la coloca por completo en la ficción, pero novela al fin y al cabo).

Lo que nos cuenta. En el libro Agente de Bizancio (publicación original: Agent of Byzantium, 1987), y en una realidad en la que el Imperio bizantino sigue controlando la mayor parte de las posesiones del Imperio romano y en la que nunca surgió el Islam, Basilios Argyros es un explorador que sirve en la fuerza que trata de detener una incursión bárbara en la estepa al otro lado del Danubio. La inteligencia, determinación y habilidad que muestra para localizar un extraño objeto que el enemigo usa para obtener ventajas tácticas en el campo de batalla, hace que sea recomendado por el strategos para formar parte de los magistrianoi, agentes imperiales de élite que sirven a Bizancio por todo el territorio y más allá de él, velando por la seguridad del imperio. Iremos conociendo más de Basilios y de las amenazas contra el Imperio bizantino mediante las distintas misiones del agente imperial.

Mi opinión. Ucronía que se presenta como trabajo próximo al Fix-up (sin serlo, al menos no que yo sepa) en cuanto a sus estructura narrativas, de ritmo estable y tonos contenidos, que se apoya más en la gestión de las peculiares amenazas más o menos inminentes, pero siempre importantes, a la supremacía bizantina que en la acción y la aventura, extremadamente razonable (o, digamos, nada chirriante) en sus puntos de ficción, con espacio para el humor suave (pero apropiado, casi irónico), de protagonista sensato que sabe cuando correr y cuando luchar, agradable de leer y bastante entretenida dentro de un orden.

Destacado. Lo sensato, dentro de que es ficción, de los postulados en los que se basa la ucronía y las consecuencias de los mismos.

Potenciales Evocados. Un 007 reflexivo, sensato, amable y humilde en el otro bando de Cuando el dragón despierte, pero sin fantasía y mucho más clarificador en cuanto a detalles de trasfondo general, con narrativa que podría recordar a la que creó las atmósferas de Sinuhé, el egipcio, pero salvando muchas distancias.